noviembre 10, 2009

La generación ATARI (NINTENDO, mejor dicho)





Ayer, en la inauguración de la Feria estatal del libro y lectura, acá en Morelia, se realizó la mesa redonda -aunque era cuadrada; y un poco incómoda- Generación ATARI: jóves escritores y la literatura en la hipermodernidad. En ella participamos los escritores -maestros, según nuestra invitación (risas egocéntricas)- Alejandro Ontiveros, Antonio Riestra, Eduardo de Gortari, Moisés Ramírez y (o séa Yoni Dip) Amaury Estrada. La mesa, no por ser nosotros, tuvo nivel. Mucho nivel. Ni siquiera se sintió que nos extendimos más del tiempo otorgado. Aunque esperabamos cosas buenas, en realidad salieron cosas de un nivel muy alto en cuanto a nuestra reflexión sobre la generación de los escritores nacidos en los años ochentas.
               Lo esperaba, pero fue una grata sorpresa vernos rebasados por nosotros mismos. A partir de mañana subiré acá, en partes, por ser algo extensas, las ponencias de cada uno de los participantes. Por ahora me pirateo la nota aparecida hoy en La jornada, acerca de esta mesa. Gracias a los que fueron. Gacias a Helena Rodríguez por sus comentarios (y el güisqui), a Gabino Alzati por moderar la mesa, a Mara Rahab por su eficiencia (y todo) y a los amigos por decir cosas tan buenas. Acá la nota, pues.
(En la foto, de izquierda a derecha: Amaury Estrada, Moisés Ramírez, Eduardo de Gortari, Antonio Riestra, Alejandro Ontiveros y Gabino Alzati. Las cabezas y las espaldas son un aporte de los asistentes, entre ellos gente muy querida).

Busca autodefinirse, pero sin cargar la etiqueta de una corriente literaria




La nueva generación de escritores, en el limbo, no hay dirección: De Gortari.
Carlos F. Márquez
 
La generación de escritores nacidos en los 80, destinados a ser los próximos en proponer los derroteros de la literatura mexicana, busca autodefinirse pero sin querer cargar la etiqueta de una corriente literaria, sin embargo, el subconsciente los traiciona y se observan a sí mismos como hipermodernos, como parte de un periodo histórico que a decir del joven poeta Amaury Estrada, no surge de la decadencia provocada por la modernidad, sino de la destrucción dejada por el caos y el resentimiento acumulado en una época donde el invento más revolucionario es Internet, “incluso más que cualquier teoría política o económica”.

Amaury Estrada, Moisés Ramírez, Antonio Riestra, Alejandro Ontiveros, Eduardo de Gortari y Luis Gabino Alzati en calidad de moderador, se reunieron ayer en la segunda Feria Estatal del Libro y la Lectura para formar parte de la mesa redonda La generación del Atari, que detonó una reflexión sobre los rasgos que identifican a los escritores nacidos en la década de los 80. De entrada, los noveles escritores, que se identificaron más con el Nintendo, tomaron distancia de los lugares comunes en los que se cae cuando se analizan las expresiones artísticas emergentes y optaron por definiciones conceptuales más a fondo.

Antonio Riestra comentó que en una ocasión el poeta Julio César Toledo le cuestionó lo que pensaba sobre la inclinación de los jóvenes de su generación hacia la literatura y respondió que la mayoría buscaban prestigio, pues “se ha perdido la naturalidad y se ha descubierto la pose”. Y en eso coincidió Eduardo de Gortari en el siguiente tenor: “una buena parte busca el prestigio de los premios literarios y la beca. Importa más la figura del poeta, que la figura de la propia poesía”.

Pero no todo se centra en el esnobismo de ciertos escritores, pues Eduardo de Gortari sí observa un cierto desapego de la generación del Atari respecto a las antiguas poéticas, aunque “ahora estamos en el limbo, no hay una dirección, la nota común es estar desperdigados sin una tendencia, lo cual es muy sano, no se puede decir que esta generación tenga un ismo”. Lo heterogéneo de la voz poética en los autores de los 80 es otro rasgo que los define según Amaury individualidades”, lo cual explicó en razón de que vivimos en una época de hiperindividualismo donde los sujetos son más solitarios. ¿Estamos acaso ante una generación que quiere observarse a sí misma como un “archipiélago de soledades”, tal como se asumieran los modernistas?

Amaury Estrada prefiere reflexionar sobre la generación de los 80 a la luz de los conceptos de Lipovetsky y Derrida sobre la hipermodernidad, pues los nacidos en los 80 tendremos entonces nuestro auge en esta época de hipermodernidad. En esa tónica hablan de conceptos como el hiperconsumo o el hiperminimalismo que es ya de por sí un exceso, una negación en esencia de lo mismo que se nombra.

Moisés Ramírez coincide con esa visión y aporta: “Vivimos en la comunicación expansiva. El tiempo-espacio es expansivo. Buscamos un lenguaje múltiple, no uno meta, sino un hiperlenguaje, un concepto relativamente nuevo para un fenómeno continuo que existe desde siempre. Resulta complejo hablar de hipermodernidad y poner en esos términos la literatura, porque eso sería reducirlo. La hipermodernidad no se escribe ni se nombra, se contempla”.

Amaury Estrada agregó: “Si pensamos que somos la generación del vacío, la enajenación, hipersaturada. La literatura y el arte de nuestra generación refracta los procesos que vivimos como sociedad casi sin percibirlo… Al encasillar a nuestra literatura como hipermoderna perdería su carácter hiper, poner una etiqueta iría en contra del sentido de trascendencia”. La generación Atari sabe cómo podría ser nombrada, pero al parecer espera que otros la nombren.

Algo que sí tiene en común la mayoría de los autores de los 80 es que se formaron en el epicentro de la revolución de Internet, que tuvo una incidencia más profunda en la comunicación, tal como lo señala Moisés Ramírez: “La comunicación tiende a la brevedad, a la rapidez, pero sobre todo a la inmediatez. La generación red es la de la creación de un lenguaje expansivo, que va más allá de sí mismo, crea un hiperlenguaje, multirreferencial. No podemos permanecer en el anquilosamiento de las formas.

“En la escritura en línea la rapidez con que pierde vigencia lo escrito es aterradora. En línea no hay vigencia, pero ello no resulta un problema, pues escribimos para el olvido y la memoria que funcionan como la memoria del ordenador: es fragmentaria, volvemos a otros olvidos y a otras memorias para hacerlas nuestras. La hipermodernidad, si existe, se centra en la desaparición de la colectividad. ¡El hombre simplemente está solo!”

Finalmente, Alejandro Ontiveros manifestó: “Los nacidos en los 80 somos la última carcajada en el siglo XX, heredamos la desacralización del arte y la desestructuración de las formas…El tiempo tritura, rompe, modela, mastica, deshace. Estamos dentro y fuera de él. La verdadera belleza es universal y no se puede categorizar, lo excepcional es una flecha solitaria que atraviesa el tiempo para venir a herirnos”.

Mañana, no se pierda las ponencias aquí mismo. (risas hipermodernas).

noviembre 07, 2009

Del día de muertos y otras cosas pendientes





¿Qué ha habido? Demasiadas cosas. Muchas. El primer ensayo de Los Tuiters fussion jazz.  Planeación del proyecto de rock The Primary Colors. El cumpleaños de Mara Rahab que terminó "dignamente" pero comenzó de la peor manera, lo siento. El concierto de Zoé y Babasónicos que de muy mala manera (porque debió cerrarlo)abrió Zoé, que cada vez suena mejor en vivo y cada vez suenan más a Zoé y me parecen muy-muy buenos; mala, muy mala idea que cerrara Babasónicos. No puedo creerlo. Son muy malos, malísimos. Suenan pésimo. Sus canciones son nefastas. La voz del vocal no se escucha, no se entiende, nefastea, es horrenda, chillona. Son un sonsonete de lo peor. Y finalmente, la concreción, una vez más, de una tradición familiar de años y años: juntarnos en familia, preparar (ver cómo lo prepara mi madre, realmente) y comer mole; de verdad exquisito (sin temor digo que quizás el mejor que he probado en muchos lados y muchos años) y que en realidad es un rito que se realiza por varios días para "convivir" con nuestros muertos (ajá, los puros atascones que nos ponemos los vivos qué).


                El día de muertos acá es raro. Desde niño me tocó ver a mi abuela poner un altar que en ese entonces jamás comprendía, en el corredor de su casa. Para mí era fantástico ver tantas luces de veladora, tantas flores y tanta fruta. Después veía como los adultos se apresuraban a conseguir hielo (hace veinte años no lo vendían en cubitos, uno corría tras los repartidores de cerveza a comprar unas barrotas de hielo que después se tenían que picar para desbaratarlo en pedazos pequeños; por qué creen que existe un picahielo, ¡ingenuos!) llenar una tina gigante de aluminio con él y después enhielar cientos de cervezas que desde la hora de la preparación del mole -en fogones de leña, en cazuelas gigantescas de barro- se iban bebiedo mientras la hielera improvisada se iba rellenado con hielo y más cerveza. Por la tarde llegaban invitados y no invitados de los que por supuesto, huía. Incluso llegaba gente preguntando si se vendía mole y claro, mi abuela y mis padres decían que no pero... y como gesto de su nobleza, invitaban un poco de mole a los despistados. Si la preparación -a lo largo de varios días- era un rito, la cocción lo era aún más y la degustación ni se diga. Debo dejar de hablar en pretéritos: aún lo es. Simplemente ahora no lo hace mi abuela -porque ya no está- y todo corre a cargo de mi madre y mi hermana.

               Decía que la preparación era todo un chou porque, desde que se compran, lavan, desvenan, tuestan, muelen los chiles y las especies(as), todo va adquiriendo ritmos que siempre recordaré en las manos, los ojos y los músculos de las mujeres de mi casa. La cocción ni se diga. Preparar muchísimo pollo, arroz, y finalmente el mole-mole. Al grado de que la que desbarataba la pasta y las especies en la cazuela al fuego, debía batirlo, moverlo y servirlo. Si no, se corta, se hecha a perder. Realmente una imagen que llevaré siempre en la cabezota. Más, si pienso en la imagen que una y otra vez mi madre repite mientras ahora muelen los chiles en un molino de chiles (lógico y redundante ¿no?) Pues la imagen de que habló no es así y no lo fue para la lógica de mi abuela en los años en que ella preparaba el mole y en que claro, molía todos los ingredientes en un metate. Nunca lo vi, pero cada que mi madre lo dice, pienso que vale la pena vivir. Así de simple.

              El día de muertos en sí, en mi casa es otra onda. Vivir cerca del panteón con mayor número de fosas y más visitado, y justo a la salida a Pátzcuaro y la zona lacustre, me otorgó la posibilidad de observar el festejo en su verdadera esencia. Las velaciones, las flores, los dulces, la comida. Si sumamos el festejo particular y los altares puestos en mi casa, por mi mamá ahora, por mi abuela antes y por su mamá y su abuela mucho antes, vuelvo a decirlo, justifica mi existencia. Si alguna vez me preguntaran de qué me siento orgulloso o feliz o algo así, contestaría que de mi familia, sin duda; con todo lo que ello conlleva, claro.

             Ahora, claro, se ha ido adaptando dicha comida a la actualidad. Mis hermanos vienen de muchos lados, jamás hay estacionamiento, mucha gente que venía año con año ya ha muerto o se encuentra tan lejos que es imposible que vengan. Ahora jamás dejaríamos que entre a casa un desconocido, me peleó cada año con los comerciantes que se instalan en la calle de mi casa, todos van a Pátzcuaro por mero esnobismo (¿Qué chiste encuentran en ir a Pátzcuaro a ponerse hasta el huevo? Muchachos: pónganse hasta el huevo en sus chingadas casas). Los abuelos, ninguno, existe ya. Ahora somos más tíos y sobrinos que nada. Sólo queda el mole. Y sobre todo, la necedad de hacerlo. Pese a que año con año todos decimos: ya, mejor nos vamos todos juntos a algún lado, misteriosamente ganan las ganas de reunirnos aquí, atascarnos de mole, cerveza, mezcal, y vernos. Si de algo hay que agarrarse en el mundo para no pudrirse como casi todo, yo me agarraría de algo así; no de la comida, no. De mis abuelos, de mis padres, mis hermanos y de las cosas que vivimos muy separados cada uno, pero que vienen y confluyen mientras vemos a mi madre preparando el mole o mucho mejor, comiendo al lado de nosotros.

                No puedo decir que el próximo años será igual. Uno así lo espera pero bien sabemos que quizás sea imposible. Pero vuelvo a la paradója: también es posible y repito, si de algo debe agarrarse uno para no caer literalmente en esta porquería, la porquería afuera de nuestras puertas, debe ser de cosas como esta, de estos ritos familiares. Creo.

                Muchas cosas más han pasado. Sigo enfermo extrañamente de la garganta. Sin realmente estar enfermo. El lunes 9, ya lo dije y lo diré detalladamente mañana, estaré en una mesa de debate y lectura sobre jóvenes escritores, el frío se ha dejado caer por estos lares, hace como cinco años que no bebía refresco barrilitos -la última vez fue en manzanillo- y ahora lo volvía  hacer, paradojicamente, en aquel viaje a manzanillo, la música que escuchábamos en el trayecto, era de esa "del recuerdo", y justo al beber barrilitos esta vez, sonaba esa de: un año no es un siglo, volveré. Pus claro que no güey, un años no es un siglo; y si vas a volver pa´ decir esas pendejadas pues mejor no vuelvas ¿no?. En fin. Muchas cosas. Realmente muchas y parecen también, en realidad, muy pocas. Hay muchas más por hacer y más que van saliendo. Ahora mismo, por ejemplo: dormir.

                     PD. Otro pendiente es pinta mi cuarto en estos días y lo pintaré así para terminar de volverme loco:


               

noviembre 04, 2009

De lo que he visto estos días



Mis días, como casi siempre, sufren de una terrible paradoja. Se han alargado en cuanto al tiempo que tengo "libre" pero también se han "acortado" en cuanto a mi supuesta productividad. Tengo las mañanas literalmente libres. Oséa, no haga nada. Mis horarios para dar clases se han acortado debido a que no me he titulado. Supuestamente la SEP no permite que un pasante de licenciatura dé clases, así que han recortado mis horarios. Durante toda la semana sólo asisto a impartir clases de las siete de la madrugada a las nueve de la aún madrugada. Así que a diario, a partir de esa hora, no tengo más que hacer. La solución se presenta sencilla: sentarme a terminar la tesis y titularme lo más pronto posible o bien, prestar el servicio social que por mi odio a la gente no he podido comenzar  -todos me caen mal- y sin el cual, tampoco podré titularme. Pero no, la tesis está detenida en lo físico -aunque casi concluída en la mente-: chaquetas mentales, pues. Que qué hago durante la mañana... sencillo también: tirarme en una banca de un parque semiboscoso y leer todo lo que quiera leer; escribir, también.

          El parque al que asisto es demasiado sui generis. En él, rodeados por los restos de un bosque de eucaliptos, quedan las ruinas de lo que fue un complejo arquitectónico realmente bueno y representativo de la modernidad arquitectónica o la arquitectura modernista mexicana: el centro de convenciones de Morelia. Hoy aún lo es -centro de convenciones- pero se convirtió en un bodrio experimental de algún arquitecto (es un decir) cercano a la familia de cierto gobernador de estas parcelas. Le puso unas bienrequetebonitas torres como de base militar, destruyó las fuentes "sumergidas" y a cambio puso jardineras de alameda de pueblito, le puso un color caca -como su mente- y en fín, la cagó, pues. En este mismo lugar se encuentran un planetario, una biblioteca pública, un hotel bastante nice y cool(ero), un orquidiario (me cae) algunos restaurantes, oficinas y edificios que no sé de qué sirven. Lo importante para mí, y para este texto son los jardines y el pequeño paseo en que bustos de poetas y (dizque) intelectuales michoacanos conviven con bancas de pueblo, ratas, ardillas, cacas de paloma, perros meones que pasean a sus amos y lo más sui generis de todo: mucha gente ejercitándose. Justo en ese parque que tiene la osadía de llamarse Calzada de los poetas, me siento, disfruto el frío (ajá) y leo y leo y escribo y... (escribo poco, tampoco hay que exagerar).

             Sé que debería hablar de lo que he estado leyendo. De que en estas lecturas de jardín terminé Bartleby, de Melville, una antología de Antonio Cisneros, 2666 de Roberto Bolaño, cuentos y cuentos de mucha gente y, ahora mismo, Casi nunca de Daniel Sada. Pero no. Eso a quién le importa cuando se lee rodeado de gente de lo más extraña. Entre señoras calentonas con leggins ultrapegados y bragas ultrapequeñas, vejetes calientes que más que ejercitar los músculos de las extremidades ejercitan los ojos (dudo que algún otro músculo les funcione) o incluso, la hermana de cierto enano usurpador, pendejo, espurio, de apellido calderamuygrande, amante de un orejón -que hoy justo hace un año le dieron en su madre- y, claro, sus como mil guardespaldas con maletitas dizque deportivas pero que en realidad son rifles de asalto (seguro que no volveré a ese lugar, ahora pensarán que los espio -no sería mala idea-), exjugadores del extinto Atlético Morelia, un campeón del ya muy viejo último campeonato del Atlas, muchos viejitos y dos que tres gordis que sueñan con parecer flacas. Las flacas no hacen ejercicio; no en este parque. Si nos ponemos quisquillosos, se notará entonces que en realidad leo poco, la verdad es que me la paso observando esos bichos extraños que corren, trotan, fingen ser saludables, y que por encima de todo, me miran como yo a ellos, oséa, como al bicho más raro. Supongo que tienen razón, yo soy ahí el extraño, el que no pertenece. De cualquier manera, estos son algunos de los personajes que he observado y que me han observado estos días de lectura.

         a)La señora de los leggins untados: En el parque, lo olvidaba, existen dos fuentes (una de ellas se observa en la foto inicial). Están vacías, sin agua, pero existen. Pues bien, la primera vez que me encontré con la señora de las tangas notables, fue mientras ella, colocada en esa posición horrible (ajá) a la que de cariño llamamos de a doggy, estiraba las piernas hacia atrás y luego las regresaba -una a la vez- a la posición original. Sobra decir que ésta era con las nalgas al aire y que, debido a lo embarrado de los leggis y lo diminuto de sus bragas, pues la imagen más que sensual, resultaba grotesca. No pude concentrarme más. Aquella boca se ofrecía no sólo al aire sino al mejor postor y por supuesto, con mi ego en lo alto (por favor, no es metáfora, no lo tomen así) y sin nadie más alrededor, creí que el ofrecimiento (si no, cómo nombrar a decidir aquella posición justo enfrente mío) erá directo y como siempre, preferí la huída. He vuelto a verla varias veces y pese a que no me concentro del todo, ante la mirada extraña que me dirige, finjo concentración absoluta y cubro mi rostro con el libro en turno.

              b)Ex futbolistas: Aunque me negaba a creerlo, un día, mientras leía, escuché -juro que sin querer- la platica entre tres corredores algo mayores. Se preguntaban la posición en la que habían jugado, el director técnico que los dirigía y sobre todo, el año en que debutaron -causa de muchas bromas entre ellos y dos o tres mías: en el paleozoíco y en el paleolítico, por ejemplo pensaba yo que sería su respuesta-. Imaginé que se referían a las ligas de veteranos que existen en la ciudad pero no. Al llegar a la pregunta y respuesta de su máximo logro, me quedé helado: esta es una noticia enorme y quiero compartirla especialmente con el monero Trino: Él más viejo de ellos respondió que fue campeón con el Atlas, el último campeonato del Atlas. Eso sí es noticia. Siempre creí que los últimos campeones del Atlas eran cavernícolas o algo así y no, ahí estaba junto a mí la prueba viviente de que realmente alguna vez el Atlas fue campeón.


                     c) La hermana del preciso: Aunque dificil de creer, los cerdos también hacen ejercicio. Me disculpo con los cerdos por compararlos con los panistas recalcitrantes. Rodeada de varios escoltas que según ellos pasan desapercibidos (valga la idiota frase: pasar sin pasar) la hermana del enano espurio se ejercita en las parcelas cercanas al parque de mis lecturas. Qué triste es pero creo que decir que la he observado y que he observado los movimientos de sus guardespaldas me pone en peligro y bastante paranoíco. Creo que en cuanto suba el post vendrá el Cisen y nunca más apareceré. Si es así, ya saben por qué fue. Quizás en mi lectura de mañana el EMP llegue y me ponga una chinga por llamar panistas a los cerdos, digo, cerdos a los panistas pero bueno, ya lo dije. La cerda se ejercita. De gente así no vale la pena decir más (confiésalo Amaury, te da miedo que realmente el EMP te ponga una chinga, como mínimo; bueno sí, y qué).

           Finalmente (por ahora) quiero hablar del personaje que más me ha causado risa: d) El Miguel Ángel Cornejo de Morelia: Un sujeto de unos cuarenta años que no se cansa de automotivarse, gritarse, hecharse porras, animarse a sí mismo, a cada saltito o cada respiración o cada movimiento que hace. No sólo eso, a cada persona que pasa cerca lo motiva igual: ánimo, sí se puede, ahívamos-ahívamos, con la mente el juego, sube, baja, arriba, abajo, arriiiiiiiba, esooooo. Incluso ya me tocó: arriba ese ánimo, leyendo crece la barriga, arriba, arriba. Santo cielo. Cada que me he encontrado con él y sus gritos, no sé si espantarme y huir o reirme como hasta ahora lo he hecho. Creo que si se acerca a mí, correré. Al final lograría su objetivo: me pararía, me apretaría el cinturón y me pondría a correr. No creo que baje mi barriga pero de que me activaría, como él pregona, me activaría.

            Hay más, por supuesto, luego hablaré de ellos. Por ahora, preparo el libro que leeré mañana y corrijo algunos textos que he escrito en ese lugar. Si mañana soy parte de los desaparecidos polítcos, que conste aquí que fue por éste texto. Qué miedo realmente tener miedo. En fin. Si no, mañana por aquí sigo y quizá suba alguno de los textos en los que incluso, aparece fisicamente el parquecito de las lecturas matutinas. Acá les dejo una foto del mismo lugar pero un día en que granizó endemoniadamente. Luego regreso, espero...

octubre 31, 2009

Encuentro de poetas III de III (finalmente)



Hoy hace una semana nos encontrábamos cenando con los poetas en Pátzcuaro, después de haber pasado el día en Uruápan. El Encuentro casi terminaba y todo se iba acomodando de una manera que resultó en cosas muy buenas.

             El sábado pasado me tocó leer y también concluyó el encuentro de este año en su etapa Morelia. Ya he hablado mucho de dichas jornadas póéticas. Para concluir seré egoista y ególatra y hablaré de mi participación.

                        Los nervios los tenía tensos. De mi familia sólo mi madre pudo acompañarme y eso es suficiente para ponerse más nervioso que si uno recibiera el nobel o estuviera a punto de ser pasado a la guillotina. Sobre todo si se leerán textos un tanto sucios y con tintes de eroticidad o suciedad sexual. Qué chingada pena que tu mamá escuche cosas sobre que te gusta beber vino en los tacones de las muchachas, los ligueros, las medias. De cómo abres las piernas de las muchachas y de cómo les embarras cosas para después lamerlas. Si eso no es suficiente, más pena que te escuche ponerte cursi y decir las cosas que ella cree que jamás dices. Al terminar la lectura se limitó a mirarme con la mirada que sólo yo por ser su hijo sé qué significa, y a tomar un taxi de regreso a casa para dejarme en los brazos de las muchachas y las famas. (risas, por favor). Agradezco infinitamente que mi madre no diga mucho. Qué pena que me felicitara o algo así por leer cochinadas. Total. Primera prueba superada.

                 Regresé para, incluso, tomarme unas fotos con algunas personas que así me lo pidieron. Qué extraño ¿no?. Y llegaron las buenas noticias. Me abordó la poeta boricua Sofía Irene Cardona para perdirme "permiso" de utilizar un texto mío como epigrama en algún texto suyo que está por ser editado en sudamérica y el caribe. Después me comentó la posibilidad de viajar a Puerto Rico a un encuentro de poesía que se realizará el próximo año. Más tarde el poeta Rodolfo Dada comentó algo similar, y la posibilidad de viajar a Costa Rica también se ha hecho presente. Mantuve después intercambio de libros, comentarios y platica con personas desconocidas que me felicitaron y otros conocidos que de igual manera comentaron cosas que les agradaron de lo que leí. Hice las cuentas para aumentar mi ego, y resulta que entre regalos y ventas, el Tremolina lleva cerca de 100 copias vendidas en unos meses de vida editorial. Después, comida y café con Pratolectus y el poeta Jorge Salas.

                    Por la tarde llegó la gripa. La alergia me atrapó y durante las mesas de clausura tuve que salir varias veces a refrescarme pues incluso la temperatura acosó mi cuerpo. En un intermedio platiqué con el poeta Miguel Ángel Chávez, y de nueva cuenta la invitación a viajar a Ciudad Juárez y El paso se abrió como parte de una posible presentación de mi libro Tremolina en la primera y la participación en un foro poético en la estadounidense. Con gripa, entonces, pero muy contento. Claro, de la posibilidad de viajar, pero sobre todo de que textos que a mí ya practicamente no me gustan, hayan causado buenas impresiones.

              Por si fuera poco, en un intermedio, mientras salimos al lobby del teatro, el poeta Pedro Serrano me comentó que le agradaron mis textos y me invitó a enviar algunos para su posible publicación en el Periódico de poesía de la UNAM. El día, pues, no pudo ser mejor para mis textos. No así para mi cuerpo que para entonces, ya estaba mareado, con temperatura alta y sobre todo, moquiento y tembloroso. Vino el empastillamiento. La clausura trajo consigo el descubrimiento no sólo de un poeta muy bueno, Antonio Cisneros, sino del increible parecido que quizás tenga con él cuando llegue a su edad. Mara Rahab me lo comentó varias veces durante los días del encuentro pero me negaba a creerlo. Descubrí entonces su gesticulación y carámbanos, puede que de pasar de los 50 años, sea muy parecido físicamente al poeta peruano.


              Lo mejor por venir. La cruzada que me puse con vino tinto, tequila, pastillas antigripales, sedantes, y café. Fue sin querer (ajá) y también fue incríeble su efecto. Mara me dijo entre tres y cuatro veces que me veía mal y que mi mirada estaba perdida. Yo estaba concentrado en ver la lentitud con que ella parpadeaba y la diferencia de movimientos entre cada una de sus pupilas. Mi corazón y sus pálpitos aceleradísimos y el sudor por todo el cuerpo. Qué acelere. Todo a mi alrededor era lento, muy lento. Los días después, así lo han sido. Un poco, en realidad. Quizás no lentos, pero sí menos acelerados que los del encuentro.

             Los resultados son buenos. Mucho. Más de lo que esperaba. La posibilidad de viajar,  que es lo que más deseo en la vida, (y de ser remunerable mi escritura, lo mejor con que se me podría "pagar") se ha abierto y ya me muevo para conseguir las visas necesarias y los apoyos más que necesarios. Ojalá se concreten.

            Por lo pronto, el día 9 de noviembre participaré junto a Moisés Ramírez, Alejandro Ontiveros, Antonio Riestra y Eduardo de Gortari en una mesa de análisis y lectura intitulada: Generación Atari: jóvenes escritores, la literatura en la hipermodernidad. En la casa de la (in)cultura de Morelia. Inauguramos las actividades de la Feria estatal del libro y la lectura 2009. Si pueden, vayan. Así podrán decir si los resultados del encuentro son justos o nomás es pura faramalla. Habrá juegos de video, scrablemancia y sobre todo, lo único que perseguimos (ajá) con nuestra escritura... risas y diversión. Si quieren, nos podemos tomar fotos con ustedes, costarán 50 pesillos (risas).

            Pd. En febrero se presentará mi libro Tremolina en La feria del libro del palacio de mineria, en el df. Pronto más noticias. También pronto en la UAM se presentarán textos de Moisés Ramírez y otros míos. Las cosas se van dando (aplausos; muchos. Pratolectus dixit).




octubre 25, 2009

Encuentro de poetas del mundo latino II (de III)




Anoché concluyó el encuentro de poetas. El encuentro en sí terminó bien y dignamente. La cena fue extraña. Peor la salida de la cena. Tensa y extraña. Discusiones, caos y resfriado. En lugar de seguirla como era la idea desde el inicio del encuentro, decidí meterme a mi cama y dormir lo que no había dormido en cuatro días. Leo en el twitter de @pratolectus un twitt donde junto con los poetas Jorge Salas y Carlos Alfonzo, me dicen que me extrañan. Después suenan risas y vasos en colición. Carajo. Odio que los planes no se cumplan. Odio quedar mal siempre con alguien. Así son las cosas. ¿Qué preferí? Venir a casa y dormir. Quedarme con el recuerdo de los momentos agradables de todo el encuentro y no pasar momentos incómodos. Después de todo, la poesía había concluído unas horas antes. Pienso que quizá la verdadera poesía apenas estaba por descubrirnos. Lo lamento.

             El encuentro cerró honrrosamente pese a la jornada maratónica; mesas de lectura de casi dos horas. Al final, Antonio Cisneros dió muestra de por qué se le considera uno de los "grandes" (no, no se sacó nada; no se metan por esos lares). Hugo Gutiérrrez Vega, de igual manera mostró su lado humano y bueno, la verdad es que excepto ellos, las mesas finales estuvieron llenas de cosas de hueva. Se supone que son los grandes de la poesía mexicana y pues... ni tanto eh.
 
              Trascribo el fragmento de un poema de Antonio Cisneros:

Para hacer el amor

debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.

Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavia...

...Es dificil hacer el amor pero se aprende.

Lean a Antonio Cisneros. Me ha gustado bastante. Ayer comentábamos con Moisés Ramírez, que su poesía tiene un aire a la poesía de Ricardo Castillo pero en versión light o más digerible -no tomar light como suave o peor, me refiero a menos arrabalera-.

            La mesa en la que me tocó leer fue -no porque en esa me tocar a mí- una de las mejores de todo el encuentro. Miguel Angel Chávez puso el tono de ligereza que ya ocupaba el acartonado encuentro. En esa misma mesa, Carlos Gutiérrez Alfonzo puso el toque de sutileza y poesía pura, sentida, que es, qué lastima, de lo que menos hubo en todo el encuentro. Transcribo algo de ambos:

El clítoris es el soberano amo y señor de todos los temblores...
...mis más sentidos besos a todos los clítoris del mundo"
                                                                                      Miguel Angel Chávez.

[poética]
                         Carlos Gutiérrez Alfonzo

Nazco entre sonrisas
Los años iluminan mi ser
Edifico sobre tierra firme

Me seduce el lenguaje
Más cerca del silencio

Mi casa....de piedra y en ella
el aire de los días
Mi casa....flor de ciruela

Mi casa....sitio donde habitas

Dios ríe y nosotros con él

En nuestra casa nace la risa de Dios.
                Por mi parte, leí algunos textos de Tremolina, mi poemario. Fue bueno y algo muy bueno salió de esta lectura. Mañana lo comentaré en la terceta y última parte de este post triple. Adelanto: quizá pueda ir a finales de este año o principios de 2010 a Ciudad Juárez, El paso, Texas, Puerto Rico y Costarica. También se me ha ivitado a mandar textos para su posible publicación al periódico de poesía de la UNAM. A cruzar dedos y a conseguir visa cultural a la voz de ya. Ojalá.
             
                Desde aquí abrazos a quienes compartieron estos días y con quienes tuvimos tan buenos momentos. Mañana la última parte. No falte.

octubre 24, 2009

Encuentro de Poetas del Mundo Latino I (de III)




Voy camino a la sexta mesa de lectura del Encuentro de Poetas del Mundo Latino. En esta mesa participaré con la lectura de algunos de mis poemas de Tremolina, mi libro aparecido a principios de este año. El encuentro ha sido -salvo honrrosas y destacadísimas participaciones- grís. Realmente hay muy poca poesía. Pareciera un encuentro de narrativa incomprensible en verso. ¿Por qué demonios cuentan las cosas? Para eso está la narrativa. En este encuentro se está homenajeando al poeta peruano Antonio Cisneros. Basta leer algunos de sus textos para comprender el sentido de la poesía. No contar, jamás, las cosas. Muy pocos lo logran.

                       Por si esto fuera poco, la lucha de egos (y confesémoslo: de olores) es realmente lo que rifa en este encuentro. Todos vienen a ser el mejor poeta del mundo. Ése hace mucho que no existe (si es que alguna vez existió. Creo que, básicamente, este encuentro debería desaparecer (ah sí, mira qué cabrón, después de que tú participas por primera vez, ahora sí que desaparezca ¿no?) O por lo menos se le debe dar un giro enorme: desde su mismo nombre. Deberíamos hacer un encuentro de poesía y punto. Encontrar a los poetas es, en la mayoría de las cosas, un gasto de dineros públicos y ya. Poca, en verdad poca poesía en este encuentro. Encuentro de poesía, poesía, eso es lo que debe encontrarse y no a los poetas.

       Por otra parte, encontrarse y rencontrarse con amigos y maestros ha sido muy grato. Por acá hemos estado en las sobremesas y la plática con Mara Rahab, Moisés Ramírez, el maestro Carlos Alfonzo y el maestro Miguel Angel Chávez (actual premio nacional de periodismo por su crónica El dulce encanto de mi embolia) encantados de compartir experiencias, anécdotas y (hay que decirlo, ni modo) chismes. Pero sobre todo, en la crítica (hay que decirlo de nuevo) destructiva. Cosas muy buenas, gratos momentos.

       Ayer fue el maratón poético en la ciudad de Uruápan y la visita a Pátzcuaro. Momentos muy tensos, lecturas muy aburridas; aburridísimas. Otras muy buenas: desde acá felicitación a Carlos Alfonzo (les diste un buen chingadazo con ese poema corto; ni lo entendieron los "grandes eruditos"). Hugo Gutiérrez Vega, Hernán Lavín Cerda  y a... nomás. Lo mejor del día: el lugar donde se leyó y se comió en Uruápan, el baile de los poetas: ¡dios santo! cómo es que trabajan con el ritmo y pueden tener tal nivel de arritmia en su cuerpo; y sobre todo, el regreso, aunque tenso, en la misma camioneta donde viajaron los maestros Hugo Gutiérrez Vega, Juan Bañuelos, el homenajeado Antonio Cisneros y Miguel Angel Chávez. La posterior tarde/noche en Pátzcuaro: a la mesa, departiendo con ellos mismos, Mara Rahab (y un colado muy parecido a Héctor Lechuga o a Caltzontzin Inspector; una mezcla entre ambos remasterizado en versión Tizoc; sin la simpatía de ninguno de ellos, claro)
             
                 La plática fue muy buena. A personas como Miguel Angel Chávez deberíamos agradecerle su sinceridad, su honestidad y sobre todo, su franqueza. A Hugo Gutiérrez, sinceramente, su plenitud mental y a Juan Bañuelos, su risa. Hablamos de todo. Cosas que después contaré. La manera de expresarse de Gutiérrez Vega me tiene apendejado (¿Más?). Su nivel cultural es riquísimo. Agradable tarde. Muy agradable tarde.
             
               Lo peor: el nivel de poesía de los jóvenes y los participantes de Québec (sin hablar de su olor). ¿Por qué los jóvenes creen que despotricar contra los viejos es ser rebelde y recrear la literatura es maldecirlos? ¿Por qué creen que beber, ponerse hasta la madre y coger entre todos es hacer literatura? ¿Por qué creen que hablarse de carnal, hermano, es compartir con otros escritores? De vil, vil hueva. Excepto porque de vez en cuando le atinan a algún verso, lo demás es puro plástico. ¿Y aún así despotrican contra RBD, Pee Wee o Arjona? Compadres, hacen lo mismo pero con un lenguaje dizque más metafórico. Malas noticias muchachos: están de hueva.
        
                          Ni hablar de los de Québec: ¿de verdad su nivel de vida será tan perfecto que transmiten esa hueva hasta al respírar? Chingado, si ya viven en una de las mejores sociedades del mundo, ganan un chingo, no tienen inseguridad: cómprense un desodorante: no chinguen. Y otra, no imiten a los pocos poetas mexicanos que han leído: la poesía mexicana no es Marco Antonio Campos. Neta. O no sé, roben un Walmart, maten a alguien para tener algo rico en su poesía. O báñense (no todos eh; también los hay límpios): igual se les aclara su mente gris: como su poesía, muchachos.

                 ¿Lo mejor del encuentro? Carámbanos: Haber confundido a los poetas María Baranda y Bernard Pozzier con Diego Verdaguer y Amanda Miguel. Ustedes juzgarán: Los poetas:


Los cantantes (es un decir):

Mañana les cuento cómo me fue en mi lectura: no cometer dos errores: creer que uno es poeta, sentirse joven poeta. Espero. Hasta mañana.

octubre 20, 2009

Lake Tahoe y lo mínimo-integral: integral-minimalismo



Cuando comenzamos a hablar de La Hipermodernidad con Moisés Ramírez y Alejandro Ontiveros, nos deteniamos profundamente al tocar aspectos relacionados con las formas en la creación artística actual:  la aparente falta de forma o la forma mínima y que sin embargo, busca profundizar y abarcar lo más que pueda en cuanto a temáticas y contenido. Hablábamos del todo por la nada o de la nada como el todo. Partíamos de la Lectura de Los Tiempos hipermodernos y demás obras de Gilles Lipovetsky; extrañamente, filosofías y reflexiones sobre el orden económico y el social de la actualidad y que aparentemente no tocan aspectos creativos. Sin embargo, al llevar los conceptos de Lipovetsky al arte, y en especial a la literatura, nos encontramos con que muchos de ellos encajan en la creación contemporanea, o mejor dicho, las creaciones artísticas actuales ya no encajan en los conceptos postmodernos, lo han superado y van más allá. Un poco, apenas, pero comienza a aparecer la refracción de la vida hipermoderna en el arte actual.
            
                  Poco después -platicas posteriores- nos dimos cuenta de que en realidad la hipermodernidad creativa comenzó a finales de los sesentas y comienzos de los setentas. A finales de éstos se abre un hueco creativo que apenas hoy comienza a ser percibido y el cual se intenta llenar (creativamente hablando) precisamente por creadores nacidos a finales de los setentas y -como nosotros; los parlantes mencionados- en los ochentas: la generación ATARI o NINTENDO.

              Entre muchas otras cosas mencionabamos el minimalismo como una de las bases estéticas de la literatura -y el arte- hipermoderna. Hay muchos otros aspectos pero de ellos hablaremos después. Por ahora quiero hacer incapie en el minimalismo y la figura fractal: -que en realidad encierra y desemboca en muchos otros conceptos- el todo por la nada: la nada como el todo: una parte que explica todo: el todo que explica a una parte: el fractal. ¿Qué es un fractal? Vayan a wikipedia ¿no que ella lo sabe todo? La definición os hará libres; digo-digo servirá de algo. No quiero decir aquí que el fractal sólo se esté usando ahora o que ay-ay es un símbolo de nuestra generación: no. Todo lo contrario. El fractal, lo minimal, es un figura que se ha utilizado ya y quizá demasiado en el arte. En la literatura basta con leer Rayuela para ejemplificar un fractal literario, y basta con leer Esperando a Godot para encontrar minimalismo litetario y verificar las premisas del todo:nada que ya mencionaba. Se trata de rollos que, paradójicamente (otra premisa estética del hipermodernismo) no son para nada minimales o fractales al momento de explicarlos. De eso nos ocuparemos después y en otro blog. A lo que iba:

               Por fin (a Morelia es dificil que lleguen películas de arte a las salas de exhibición monopólicas de cinépolis, pues todas se las guardan para el pinche festival (FICM) y obvio, ahí no puedes verlas porque todo es "así, entre cuates") pude ver Lake Tahoe de Fernando Eimbecke. Me ha provocado buenísimas impresiones, y sobre todo, me ha remontado a las platicas sobre estética y narrativa hipermoderna. La película cuenta, en realidad, algo muy breve (narrativamente hablando) y en realidad, gracias a las imagenes y al contenido de lo narrado, integra, profundiza y abarca en muchísimos aspectos de la vida actual: la parte por el todo: el todo por la nada. Imágenes y secuencias plásticas, demasiado plásticas y profundas, que dicen mucho más que una simple descripción. Diálogos mínimos, casi nulos; superfluos y tontos pero en realidad, la refracción de nuestros diálogos actuales: remember twitter, remember messenger, remember blogspot. En síntesis, y para no contarla, logra algo que muchos libros, películas, plástica, no logran aún cuando describen en exageración: narrar algo sencillo y con ello profundizar, abarcar, integrar lo más que se pueda.

       


          
La película es, en síntesis, buena y mucho muy bien lograda. Cumple y de sobra. Tampoco hay que crear genios donde no los hay. Lo que más quiero redundar, es precisamente en la manera en que durante el film, se incorporan o contiene -quizá sin pretenderlo- muchos de esos elementos estéticos a los que con mis amigos (y colegas para que suene muy mamila) consideramos la creatividad hipermoderna: la narración o lo que se cuenta es simple pero a la vez abarca, integra y profundiza en muchos temas que refractan problemáticas de la vida actual, la hipermodernidad. En ese sentido se logra una película dialógica no sólo con el espectador, sino con sus mismos discursos. Su forma es la de una narración espiral, comienza en lo particular, parecería expandirse, y sin embargo tiene un final abierto que da cabida a regresar al inicio de esa espiral. Tiene subibajas en cuanto a las acciones y las emociones, y sobre todo, tiene un sencillez estética que termina por abrumar. Esos puntos de la narración y la creación hipermoderna persisten en toda la -breve- película. Hace, de una acción simple, un todo: de la particularidad, la refracción de muchos de los problemas no sólo de los personajes, sino de toda nuestra actualidad. Y de verdad, eso es algo que muy poca gente está logrando con sus dizque vanguardias. Este posto lo comprueba: traté de ser simple y tuve que explicarme demasiado, aun así, quizá no logre darme a entender; he ahí, la sutileza de Lake Tahoe. Veánla. Hasta mañana con noticias buenas... No son los impuestos... Nos encontramos.

octubre 14, 2009

Teto Moreno (II de II partes) ¿final?

(Leer este post mientras se reproduce el video, sin verlo. Ya que si le gusta más que el post, pues entonces Haga lo que le venga en gana)


En mi familia y para algunos vecinos no me llamo Amaury, soy Kiko. De muy niño -3 o 4 años- ante la pregunta típica de adulto enfadoso: ¿cómo se llama el niñito? Respondía: "Kiko, mi mamá Kika y mi papá Kikín", así: la frase completa. Nombres que nada tienen que ver -gracias al cielo- con el idiota personaje de Roberto Gómez Bolaños (arghh; hasta escalofríos me dan) ni mucho menos con el (también nefasto) futbolista chaquetero de moda hace ya algunos años. De hecho agradezco infinitamente que en mi casa lo único que se me prohibiera desde entonces y por el resto del infinito fuera (es) ver los dañinos programas de Chespirito. Pero eso merece otro post: volvamos al nombre de Kiko, que fue el que Teto Moreno, mi amigo imaginario, me dijo que era mi nombre real: "tú te llamas Kiko, tu mamá Kika y tu papá Kikín. Respondí que no, que mi nombre era Amaury y entonces repitió: "Tú te llamas Kiko, tu mamá Kika y tu papá Kikín"; esos son sus nombres reales. A partir de ahí lo repetí tantas veces, que incluso, ante las presentaciones nefastas típicas de primer día de clases se me salía decir "me llamo Kiko, mi mamá... Entonces me detenía y decía lo que esperaban: Amaury Estrada Ramírez. Estoy aquí porque mis papás dicen que debo aprender y estudiar;  quiero ser astronauta. Una vez más, el estigma del raro caí encima de mí.
             
               Total que pasaron los años y ni nombre de Kiko se quedó en mis 7 hermanos -cuñados y cuñadas incluídas-, mis padres, mis abuelos y posteriormente en los como 750 sobrinos que tengo. En mi casa, excepto cuando mi madre se enoja y dice mi nombre completo, tengo 20 de mis 24 años siendo Kiko. Alguna vez interrogué con foco de 250 wats y tehuacán incluídos a algunos de mis sobrinos y ninguno supo cuál era mi nombre real. ¡Gusanos! Después del tehuacán creo que no lo han olvidado pero siguen diciéndome Kiko.
             
                Los nombres -el suyo y el mío, puesto por él- fueron tan sólo algunas de las cosas que surgieron de mi amistad dizque imaginaria con Teto Moreno y son dos de las cuáles nunca, supongo por inocencia, cuestioné. En realidad, como buen niño, me dediqué a disfrutar los breves ratos en que pudimos jugar. Los juegos fueron increíbles e incanzables. Quizá debería culparlo de mi falta de sociabilidad, mi odio y repugnancia hacia la gente (en general; y a conocer gente nueva sobre todo) pero no. Agradezco infinitamente mis enormes y prolongados ratos de soledad, los juegos, las cosas extrañas -como comer adobe y ladrillos cada que llovía- y la plática con Teto Moreno. ¿De qué? De cómo llegar a China escarbando más profundo el pozo de agua de la casa de mi abuela. Sobre que ser astronauta no era para mí. De que no estaba loco, que él también había sido catalogado así y que también estaba solo. De cómo jugar avión -rayuela-. De mis trucos para Nintendo de los cuales decía no entender nada. De sus juegos aburridos como juntar varitas y ramas secas y saber de qué árbol habían sido y cuándo habían muerto. Trepar a los árboles de mi casa. De los libros que había leído hacía mucho tiempo. Del origen de la rana que lo acompañaba. De sus zapatos viejos...
             
                  Su aspecto y su vestimenta: las de un niño extraño surgido (supuestamente) de la mente de otro niño extraño. Camisa tipo polo de rayitas negras y azules, pantalón de pana color verde botella, zapatos zuecos con moñitos de piel en el frente y suela de verdadera madera -baqueta, me dijo una vez que se llamaba ese material- y a veces, sudadera grís con forros de lana; muy extraña. Pregunta estúpida que mi mente seudoadulta se hizo mucho tiempo después: ¿por qué no se cambiaba? Nunca ni siquiera noté que no lo hacía. Su aspecto era muy parecido a lo que hoy bien podría ser un niño emo. Cabello descuidado y alborotado sobre el rostro, sin recortar. Blanco hasta la trasparencia. Ojos claros, quizá grises y finalmente, de lo que recuerdo, un lunar pequeño pero abultado sobre la barbilla. Yo también lo tengo pero del lado contrario. Se comía las uñas, cosa que a mí me repugnaba porque a mí me duelen las uñas con tan sólo recortarlas o golpearlas un poco. Delgado. Más pequeño que yo y sobre todo, con olor a barro mojado; a adobe. Olor que cada que comienza a llover inunda mi cerebro y aunque suene muy cursi, mi pecho. Por eso suelo deprimirme con la lluvia, supongo. Con el comienzo de la lluvia para ser precisos. El pozo de la casa de mi abuela tiene el mismo aroma; seguramente que si esa era su casa de ahí obtenía dicha particularidad aromática. Nunca, que yo recuerde, nos abrazamos o rozamos siquiera nuestras manos pero si algo recuerdo, es que siempre a su lado se sentía frío. Ahora que pienso todo esto, es que vienen los escalofríos. De niño, jamás. Era mi amigo. Esas cosas no importaban.
         
                   ¿Cuándo desapareció? Al mismo tiempo que aparecieron mis primeros amigos (compañeros para ser precisos) reales: segundo de primaria. Tan fuerte fue ni anexión al mundo dizque real que la desaparición de Teto pasó inadvertida (con todo y frase erronea y adversativa: alguna vez alguién había notado que esto es una contradicción: es como decir pasó sin pasar o bien, no pasó pero pasó). Volví a recordarlo cuando llegaron las siguientes lluvias (en Morelia siempre llueve en mayo, se detiene y luego volvemos a saber de la lluvia hasta agosto o septiembre) y alguien dijo que la rana que vivía en la maceta de los helechos de mi abuela ya no había salido: Teto Moreno tampoco: se fue con su rana. En ese momento ni siquiera me preocupó. Fue hasta hace no más de tres o cuatro años y que entendí que siempre estaba solo, que necesitaba de alguien tan real como Teto y que fuera incapaz de dañarme como suelen hacerlo los amigos reales (y las novias; ¡bu!) que entendí y recordé lo vivido con Teto Moreno; que algo muy importante faltaba y falta.
         
              Alguna vez alguien me dijo que Teto era un duende que vivía en mi casa porque en cada ojo de agua del mundo vive un duende guardián, y que como aquí había un nacimiento de agua, pues Teto Moreno era ese duende guardián. Calculé, y el comienzo de la sequía del pozo es paralela al año en que desapareció Teto Moreno. Me asusté hasta la médula y me concentré (escondí) en otras cosas.
       

            Hace poco, en una purga de cosas viejas, en algún cajón, alguién encontró algunos carritos viejos y un pato de plastico: los mismos que me habíaa regalado Teto Moreno; los carritos que alguna vez me dijo que escondiera y guardara sin dejar que nadie los tocara hasta que se los diera a mi hijo y le contara de él. El impacto fue enorme y por supuesto, el miedo no me dejó dormir por varios días. El miedo y la rareza han ido en aumento porque nadie, absolutamente nadie, recuerda que esos carritos fueran de alguien. Su forma, su material y sus tipografías los sitúan en un periódo en el que sólo pudieron ser de alguno de mis tíos o incluso de mi abuelo. Por supuesto que mi padre no los reconoce y jamás los vio en manos de sus hermanos o su padre. Mis abuelos ya no están así que es imposible constatarlo.

           Todos se han impactado y lo que parecía la historia graciosa del niño que habla solo y come adobe se tornó un poco turbia. Tanto, que se niegan a hablar del suceso. No sé qué creer. Mucho menos, porque ayer, buscando en la red, encontré que existe un tal Teto Moreno en Sónico y Facebook; es de Guerrero y tiene 24 años. Quiero y debo contactarlo pero también algo me detiene. El miedo, supongo.

         Sería genial y a la vez espantoso que lo contactara y que me dijera que sí, que se llama así- Teto Moreno; cosa casi imposible- y que de niño tuvo un amigo imaginario llamado Kiko. Por lo menos, mientras se disipa toda la incertidumbre, ya tengo tema para una novela o un cuento; espero que ilustrado. Está bien. Muy bien pero preferiría no escribirlos a cambio de, por una sola vez, volver a ver a Teto Moreno aunque... seguro que me daría, mínimo, una síncope. Quizá valga la pena.

Pd: Si me tachan de raro y loco voy a correr al fonde de mi casa, gritaré el nombre de Teto Moreno y me iré con él... Hasta mañana y por lo pronto, aquí termina la historia de Teto

Pd 2: Vean la película de Opal Dream´s, ¡enserio!

octubre 13, 2009

Teto Moreno (I de II partes)





Teto Moreno es mi amigo imaginario. Debería utilizar el verbo en pasado -era- pues en realidad lo fue durante mi infancia -hace 20 años; yo tenía 4- sin embargo siempre tendré la esperanza de que un día regrese. Así que digo ES porque quizás algún día vuelva a venir para enseñarme su casa dentro de un pozo de agua, sus zapatos antiguos o bien, compartirme los juguetes que, según él, había recolectado de todos los niños con los que había vivido. Además, aunque se haya ido con mi infancia, el recuerdo de su amistad está bastante presente en mí; aún vivo en la casa donde Teto jugaba conmigo.

Llegó una tarde de lluvia; apareció de la nada, eran como las cinco de la tarde. Me habló desde atrás de una maceta enorme en la que mi abuela tenía helechos de tamaño descomunal. Sin temor alguno -ahora se me eriza la piel y me pregunto cómo no desconfié ni temí a un niño que no tendría por qué estar ahí- me acerqué a él y entonces me propuso jugar en un charco que la lluvía había hecho en el patio/jardín de la casa de mi abuela. Él sacó un pato de plastico de tamaño casi real (hasta la fecha en mi familia nadie recuerda tal pato), una rana real que de hecho vivía en la maceta de los helechos y un carrito de acero, bastante viejo, con tipografía muy disntinta a la de esos años, de BIMBO (arggh). Yo llevé un mapa dibujado en un plastico que regalaba Sonric´s y varios carritos armables obtenidos vía Cajita Sonricslandia. Jugamos en el patio de mi abuela. Justo en el chorro y el charco que provocaba el desagüe que bajaba de la azotea. Desde entonces, cada que llueve, voy y toco el agua que cae en ese lugar, casi por instinto.

La casa de mi abuela está al lado y al fondo de mi casa. Desde una ventana de la planta alta de mi casa se puede observar el patio de la casa de la abuela. La condición que aquella primera tarde puso Teto Moreno para volver a jugar al día siguiente, fue que antes de buscarlo, le gritara desde esa ventana, que lo llamara por su nombre: Teto Moreno. Jamás se me ocurrió preguntarle el por qué de ese nombre. Así lo hice. Cada día, después de comer, me acercaba a la ventana y ante el asombro de mi familia, gritaba el nombre que el niño raro me había dicho que dijera para poder encontrarlo. Enseguida lo veía salir detrás de un árbol de aguacate que hoy ya no existe pero que estaba en casa de mi abuela, justo al lado de un viejo pozo de agua y de la maceta de helechos donde lo vi por primera vez. Del pozo ahora sólo queda el agujero y una especie de barra de donde colgaba la polea con que mi abuelo y mi padre sacaban agua. La maceta de helechos sobrevive pero ahora sólo tiene flores de poco tamaño y poca mística. Pronto el grito y posterior silbido con que llamaba a Teto Moreno a eso de las cinco de la tarde se volvió un espectáculo al que mis hermanos -los que aún vivían en casa pues de los 8 hermanos que somos: 5 hombres y 3 mujeres, para esas fechas sólo vivían 3 conmigo- incluso invitaban amigos para presenciarlo (¡malditos!: siempre he sido su payasete ¿verdad? No diré nada de cuando hacían el ridículo y cantaban las de Flan´s o la vez que vi llorar a uno de ellos mientras cantaba Me cuesta tanto olvidarte de Mecano)

Total que mis juegos se prolongaron durante muchos días y meses, y pronto pasó a ser incluso preocupante para mis padres y hermanos quienes en princio reían al ver al mozalbete hablar y reir y jugar y jugar (supuestamente) solo. Las sorpresas vinieron cuando a enseñanza de Teto Moreno, comencé a comerme las paredes de adobe de la casa de mi abuela e incluso, cuando el adobe nos enfadaba, ladrillos que antes habían sido remojados, desbaratados y a los que se les agregaba hielo molido y miel de algunas flores recolectadas en el jardín de la abuela y el de mi casa. Peor aún fue cuando decidí freir huevos de hormiga y mezclarlos con flores. O bien las bebidas que Teto preparaba con el agua de frutas que mi madre preparaba, canela, sal y pimienta y claro, un toque de hierbas. Muchas veces alguno de mis hermanos llegó a vomitar tras beber el menjurge que a escondidas Teto y yo poníamos en lugar de su vaso con agua.

Pronto dejé de jugar en la calle con los niños vecinos e incluso con mis primos y sobrinos. Queda aclarar que pese a la buena relación con mis hermanos, jamás jugué con ellos pues el menor, antes de mí, es mayor a mí por 10 años así que ni pensar en cosas de niños compartidas con ellos. Mientras a mí me ganaba la onda amigo imaginario, a ellos les preocupaban cosas "reales", de adultos y otras barbaridades. Lo único que me atría, aparte de estar entre los árboles de mi casa jugando con Teto, era el Nintendo (próximo post), así que pasé de ser un niño normal, a ser un niño raro y neurótico; no quería salir de mi casa a ningún lado pues no podía llevar a Teto comigo. Me ponía de mal humor salir y hacía berrinches de leyenda si llegamos a cruzar la puerta de casa. El kinder fue traumático no por ir a él, sino porque pasaba horas alejado de mis juegos con Teto Moreno. Por si fuera poco, un día se me ocurrió contar de él -Teto- a mis compañeritos y maestra, fui juzgado de no poco menos de idiota y loco. Me afectó bastante. No por lo dicho y pensado sobre mí, sino porque pronto todos querían venir a mi casa a ver al idiotita jugando con su amigo imaginario. Como los mandé a la chingada y les cerré las puertas de mi casa, no sólo era el loquito-rarito, sino que también fui el monstruo como niños y ojete.

Teto Moreno me salvó de esa que quizá fue mi primera crisis existencial. Como recompensa de no mostrarle "nuestro lugar" a nadie, me dejó observar el interior de su casa, su patio de juego y sus juguetes: el pozo de agua de casa de mi abuela, la maceta de los helechos, muchos carritos viejos y desmadrados y un espejito con reverso de terciopelo morado. La oscuridad en el pozo me impactó tanto que desee entrar y quedarme ahí por un rato. Teto Moreno me prohibió hacerlo, pues ya no podría salir. Sobra decir que hasta unos cintarazos me gané por abrir el pozo sin algún adulto presente, por desenterrar los helechos, y por traer a casa juguetes que no eran mios. Juguetes que mis padres creyero había hurtado de la casa de algún compañerito y que en realidad debieron ser de sus abuelos, pues la vejez de los mismos era evidente. Por esos mismos días, llegó la primaria y casi-casi, la desaparición de Teto Moreno. Según la psicóloga, más que su partida o muerte, como yo creía, fue mi entrada en el raciocinio y la lógica matemática las que me hicieron comprender que Teto no era más que mi compañero imaginario. FUCK... La clara muestra de que la escuela hecha a perder la inocencia y el alma de la gente, y también de que la psicología freudiana es una falacia en la que nomás se va, como se dice, sorteando al toro por los cuernos: que me digan entonces de dónde saqué los carritos repartidores de BIMBO y sobre todo, un carrito ambulancia de la fórmula 1 que aún conservo y que siempre he dicho que nadie tocará hasta que como me dijo Teto Moreno, se los diera a mi hijo, como un regalo de su parte.. Esto nadie lo sabe pero... (CONTINUARÁ) ...mañana  fotos y demás parte de la historia.
Mientras, el trailer de una película con la cual, obvio, lloré en silencio por estar acompañado y después que la he visto solo como seis veces, lloro y lloro como el niño puro que fue (es) amigo de Teto... hasta mañana.


octubre 12, 2009

Where Wildthings Are




Decía en el post anterior que antes de ver Inglorius basterds me topé -gracias a los trailers previos a la película- con una sopresa mayor cuando en la pantalla, con la canción Wake Up de The Arcade Fire de fondo, un moustro caminaba por un bosque con un niño disfrazado de lobo al hombro. A ambos los reconocí de algún lugar de mi infancia pero no ubiqué a la primera de dónde es que los conocía. Con la emoción a raudales en la sangre, sumando la increible canción arcadfiriana, me remití a hace unos 10 años cuando, en canal once (antes de que lo hechara a perder Sariñana) vi por primera vez a los mismos monstruos que ahora veía en la pantalla del cine pero en versión caricatura; más allá, a cuando los encontré por primera vez como ilustraciones en un libro que, hasta la fecha, me provoca una especie de sopor extraño, místico y quizás hasta paranormal. Por qué, no lo sé. Simplemente me duele la panza cada que pienso en ese libro y sus dibujos; significó y significa mucho para mí. Veerlo y leerlo era realmente transportarme al lugar donde habitan los monstruos. Dejé de recordarlos -al libro y la película animada- y cuando en las platicas entre amigos sobre las caricaturas que vimos en la infancia yo mencionaba a estos monstruos, todos creían que lo estaba inventando y que jamás habían existido pues nunca recordé el nombre. El libro permance en alguno de los libreros de mi casa y desde hoy, buscarlo y encontrarlo son labores adjuntas a las diarias. Sólo de recordar, vuelve a dolerme la panza, ya imagino cuando vuelva a leerlo.



El libro, la película de animación y ahora la película mezcla de animaciones y actuaciones reales (por llamar así a las personas y a las botargas que aparecen en ella) de que hablo, se llama(n) Where the wildthings are, o como fue traducido desde su original, que es el cuento ilustrado, Donde viven los monstruos. Es un cuento infantil de 1963 escrito por Maurice Sendak e ilustrado por él mismo. Posteriormente se hizo una película animada en 1973, y que es la misma que alguna vez vi por casualidad  en Canal 11 del IPN (repito, antes del oscurantismo en que lo está sumiendo Sariñana). Ahora será llevado al cine por Spike Jonze y es precisamente el trailer que vi y por el cual ando de nuevo en el mundo de los monstruos (aunque a veces, sobre todo después de unos güisquis, suelo platicar con ellos). He aquí el link al trailer oficial ya que no se puede insertar el video directo por derechos de autor: http://www.youtube.com/watch?v=2NOkQ4dYVaM&feature=fvw

Las razones por las cuales me identifico tanto con el cuento y las películas son muy raras. La principal, que de niño tuve un amigo imaginario (próximo post) llamado Teto Moreno; en realidad un alter ego quien me enseñó las cosas más extrañas y me guió en las locuras de mi infancia: comer adobe, mojar ladrillos, rasparlos, agregar hielo y miel de ciertas flores y comerlo como raspadito, arrojar piedras al pozo de agua de la casa de mi abuela y luego encontrarlas debajo de mi almohada, diseñar ciudades kilométricas con cajas de casettes musicales, pintar las paredes con flores y sobre todo, jugar con playmoviles y legos en las piletas de agua de las casas de mis abuelos. Playmoviles que luego desaparecían y no volvía a saber de ellos hasta que Teto volvía a aparecer y me mostraba su rana -viva-, los juguetes adquiridos de otros niños -algunos muy antiguos- y ahí, encima de todo, mis Playmoviles y mis Legos.
Debido a ello fui llamado loco, raro, extraño, anormal, autista, pirata, y por supuesto, monstruo. Ninguno me aflijía pero me molestaba que niños idiotas que se la pasaban viendo El abuelo y yo y Carrusel, se atrevieran a decirme eso. Un día vino Teto Moreno y entonces me mostró el lugar donde vivía (el pozo de agua de la casa de mi abuela) para demostrarme que ahí y aquí, todos eramos raros, extraños y hasta cierto punto, monstruos.
Cuando leí el libro, traído por mi hermano, sentí que conocía la historia pues esa es su trama: un niño llevado al lugar donde habitan los Monstruos, gracias a que todos, incluso su madre, lo creen precisamente  anormal y raro. Esa es la razón de que cada que veo los dibujos ahora tan bien llevados al volumen y las dimensiones no planas, de ese cuento, me estremesco y me sobresalto tanto. Además, el recuerdo de haber visto esa película animada y que después desapareciera de las programaciones y de mi mente, para que después nadie me creyera el haberla visto, se ha convertido en una cosa extraña en mi vida. Ahora encontrar esta nueva versión me ha hecho volver a toda esa fantasía con la que crecí.

Además, sumése que en innumerables ocasiones he creído ver a esos monstruos en algunas otras animaciones. Como en Peter Pan, donde uno de los niños perdidos (o todos, no recuero) va disfrazado de lobo y agréguese, por ejemplo, la serie animada La mansión foster, que tiene ciertos razgos de estos monstruos imaginados e ilustrados en 1963 por Sendak, y de su historia. Por si fuera poco, otra caricatura que vi durante mi infancia también está basada o por lo menos inspirada (por no decir fusilada) del cuento de Sendak, La serie se llama Mi mounstrito, y tampoco volví a verla jamás. Al igual que a Teto Moreno, mi imaginario amigo. Supongo que en realidad lo que se fue es mi infancia. Por lo pronto, trataré de revivirla (de hecho lo haré) gracias a esta nueva versión del cuento sesentero. Aquí el video con un fragmento de la primera adapatación:

Por ahora me dedico a buscar el libro. Si lo encuentro pronto les compartiré algo. Aunque en realidad creo que lo que busco es símbólico y se trata de mi infancia, mi inocencia y mi fantasía. Espero encontrar por lo menos algún razgo o más recuerdos como los motivados por el trailer y la canción de Arcade Fire.
Aunque siempre ando de infantil, és preciso tener con qué sustentarlo y con qué revivirlos tan nítidamente. No hay más que esperar a que se estrene la película o bien, ver y ver los avances ya existentes en la red; volver a creer en otros mundos. Hasta hace poco creía en las hadas pero Ellas mismas me demostraron que no existen, que son mentira tras mentira. Espero que los monstruos no me fallen. Si en una de esas aparece de nuevo Teto Moreno, no me importa que de nuevo me llamen loco o monstruo, sólo los que hemos compartido cosas así sabemos que ese quizá, sea el término justo para nosotros, y viviendo en donde viven los monstruos, ah qué importa. Nos encontramos mañana... esperando la inocencia.


Pd. Quizá la película y sus animaciones se pongan de moda. Sería bueno, pero más que la peli, estaría bueno que se pusiera de moda volver a creer ¿no? Volver a ver a nuestros amigos imaginarios o por lo menos, volver a emocionarse hasta el escalofrío como me ha pasado al reencontrarme con estos dibujos y la historia que llevo relacionada con ellos. Finalmente, aquí el link de un artista que trabaja precisamente creando imágenes a partir del cuento de Sendak: http://www.terribleyelloweyes.com/ algo como esto:


Nos encontramos, traigan a su amigo imaginario. Hasta mañana.

octubre 11, 2009

Inglorius Bastards





Antenoche vi Inglorius Bastards de Quentin Tarantino. Es sorpresiva más que buenísima y es que aunque muchos elementos tarantinescos tienen presencia, sobre todo la violencia, esta vez la historia pareciera no contada desde el ojo de Quentin. Sin embargo es muy buena; más que eso. Te enreda y logra lo que muy pocas películas: encenderte: meterte en ella y vivirla como si formaras parte de la narración. La emoción estará presente durante toda la película en quienes la observen. Las sensaciones irán de la desesperación, el coraje, la angustia, a una especie  de liberación (aún no entiendo bien porqué) espiritual, cuando la venganza judia (en realidad los pinches nazis nos la deben a toda la humanidad y los pinches judios nos deben otras tantas: remember Palestina) se concreta en contra de los nacionalsocialistas. No la contaré ni daré detalles de la historia, espero que todos los que esto lean tengan oportunidad de verla. Lo que quiero precisar es la sensación que prevalece mientras se observa y luego, al salir de la sala: desquitarse de ese hipótetico ser que "nos la ha hecho". Sentir el placer, el verdadro placer de destrozar a ciertos cretinos.

Salí del cine y no miento, me temblaban las manos de imaginar que un día podríamos destrozar los craneos de ciertos panistas pelotudos y dejar unos cuantos vivos para marcarles sus asquerosas siglas en la frente como muestra de nuestra existencia. Lo mejor de la película es cuando precisamente surge esa sensación: balacear nazis y destrozar al Reich, y uno se siente dentro, tirando patadas a los traseros nacionalsocialistas. Buenos momentos tiene muchos: toda la película, pero el climax sensorial es ese: la imposible huída de los cerdos y el miedo en la cara hitleriana.

La neta no quiero comentar más de la película ni ponerme seudocrítico análista: veánla. Sobra decir que Tarantino me alucina y que logra lo que muchos, por más esfuerzos seudoprofundos, nomás no: hacerte sentir de manera verdadera.

Lo vintage y la música (en ese tenor) en la peli también están estupendas y hacen que ese toque tarantinesco te emocione y surja esa extraña sensación como de orgullo o qué sé yo, hacia Tarantino, admiración, Amaury, admiración. Eso, supongo.

Pudiera decir muchas cosas más dizque analíticas pero de verdad, ante una película así lo importante es la sensación: ¿no es esa la idea de lo artístico? Pues ahí está, y simplemente esa paradoja hace a los Bastardos sin gloria un películón: el arte en la venganza y la sutileza de ésta, con ultraviolencia incluída. (¿Les suena a Kill bill?)

Por si fuera poco, antes de la película vi el trailer de una nueva película de la que ni idea tenía, basada en unos cuentos que de niño me volvieron loco y mejor aún, en una serie animada que veía en canal 11 que me volvieron aún más loco, que amo, que me emocionan hasta las lágrimas y que me alucinan de manera indescriptible. Ver su pronta aparición y mejor aún, con una banda sonora hecha (no toda, obvio) por The Arcade Fire.. uf! Pero ese será el próximo post...

Ah, la película es Donde habitan los monstruos: si alguien veía esa serie animada  dígalo y coméntelo. Es quizá mi mejor viaje de la infancia. Nos encontramos mañana.

octubre 09, 2009

Seguimos




Si Timbiriche, Menudo, Gloria Trevi y hasta Camilo Sesto regresa. Si los zombies existen (sobre todo en Sahuayo) y son el regreso del regreso del regreso. Si las videosaseteras y los devede players tienen un rewind. Si reciclar está de moda aunque sirva de muy poco (sobre todo si estás leyendo esto y por tanto emitiendo monóxido de carbono a la atmósfera con cada click en tu mouse). Si todo tiene regresos, pero en realidad son nuevos comienzos. Si existe la espiral... por qué no volver a escribir en este blog... total, ya ganó Obama un nobel de la paz y hoy bombardearán la luna... Nada puede salir peor...
Bueno sí, que se caiga la luna y que el nobel por la virginidad lo gane Madonna.

Estamos de vuelta. Bueno, en realidad nunca nos fuimos.

También estamos en el Twitter. www.twitter.com/melonesverdes

Ahora sí, estaremos a diario. Si no se cae la luna, claro.

marzo 15, 2009

La última.....


Prometí no volver a publicar nada en este blogcito pero la ocación lo amerita y sobre todo porque no he actualizado el nuevo.....

Voy camino a ver a RADIOHEAD!!!!!!!!!!!!!!!!! (En la foto... sir Tom Yorke al descender en el aeropuerto de la ciudad de México) ni más ni menos!!!!!!!!

Sólo eso, quería presumirlo y decirles que gracias al rock he seguido vivo estos últimos días. A la vuelta, nos vemos en el nuevo blog... http://www.loshimenopteros.blogspot.com/!!!!!!!!

A la vuelta también, nos vemos en el de CAFÉ TACVBA!!!!!!!!!!!!

Buenos Aires está cerca. LA CIUDAD DE LA FURIA. Lo sé, parezco desquiciado......... LO ESTOY!!!!!!! No es para menos... mañana veré a mi banda favorita de toda la vida: r e p i t o............... VOY CAMINO A VER A RADIOHEADDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD_d_d_d

marzo 09, 2009

M..U..D..A..N..Z..A


Nos mudamos de vida...
















diciembre 07, 2008

Giros


Si siempre me resultó dificil comprender que la Tierra giraba alrededor de ella misma y alrededor del sol; me resulta aún más complicado entender que la vida gire de manera tan abrupta y dolorosa. Ahora mismo yo tendría que estar tomando un avión de vuelta a Morelia desde Tijuana. Ahora mismo tendría que estar preocupado por otras cosas. No fue así. Durante prácticamente todo el año el plan había sido otro. De pronto, como un giro de la noche a la mañana ya todo era distinto. ¿Factores? Cientos. No vale la pena hablar más de ellos. Pero efectivamente, hoy yo vendría de regreso a mi casa después de haber asistido con ella a su graduación. ¿Y saben? Si escarbara un poco más, esto quizá ni siquiera estaría escribiendose porque no sólo debí asistir a esa graduación, sino que durante mucho tiempo planeamos que ella se vendría conmigo casi casi que el mismo día de su graduación. Todo ha dado sus giros y ahora estoy aquí, escribiendo esto, sin ella.


Nunca he entendido eso que la gente llama las señales de la vida. Cuando creí entenderlas se vinieron abajo y me dejaron en completa desolación. Todas las señales que yo tenía (y tengo) de que ella era la mujer con quien quería estar toda mi vida; toda nuestra compatibilidad, nuestra empatía, de pronto pareciera que nunca existieron. El día que ella quiere rebuscarlas yo estoy mal como para hacerlo y visceversa: el día que yo la busco ella es la que se comporta como si esto ya no tuviera el menor atisbo de solución. Ahora, si las señales pasan frente a mí, hago caso omiso. Después -como siempre- me arrepiento. Lo peor es cuando las mladitas señales son confusas, discímiles. En un momento me dicen que sí, que debo seguir aquí, buscándola a ella. Y al minúto siguiente me dicen que debo alejarme, irme. Efectívamente: giros.


Por si fuera poco, mi "vida literaria" (qué mamada) ha dado una espiral enorme y casi que inentendible. Quizá, gracias a ella (ya les contaré) pueda desaparecer un rato de estas parcelas y por qué no, quedarme en unas nuevas un buen rato, quizá hasta buscar un trabajo y una escuela y no regresar más para acá en un buen tiempo. Como es de esperarse, las señales son más que confusas. Mi antena receptora no me permite captarlas correctamente. Unas me dicen sí, lárgate y deja todo, otras me dicen sí lárgate con ella y otras más me dicen vuélate la tapa de los sesos; todo esto no es sino un holograma de lo más asqueroso y falso; resolver tu vida ya no tiene sentido.


Me gustan los giros, definitívamente me gustan. Pero es casi patético que un día de pronto, puedas estar muerto. Peor aún si sigues caminando, sufriendo, pensando; vivo. Es dificl comprender que de pronto uno puede ya no ser uno o lo que eras. Quizá mi error fue planificar idílicamente el futuro. No me arrepiento porque fue honesto. Lo sigue siendo. Nunca idealicé lo mismo que la mayoría: un auto, viajes, una casa propia, dinero; no, vi vida futura se proyecto con ella al lado; no imaginé cómo, sólo con ella. Así que ahora, estar aquí, escribiendo sobre la paradója que parece siempre perseguirme, es aturdidor. Ver, allá afuera, pasar los aviones es más que doloroso pero en los giros que está dando mi vida tan abruptamente, también es un alivio. Ya no entiendo. A veces ya ni siquiera entiendo por qué uno aguanta lastimarse tanto. Y como siempre las señales: porque habrá un final feliz, porque sabes o crees saber que sí, que ella es la indicada (qué patéticas son todas estas expresiones, pero de verdad, creo que para esto no hay más), porque quieres le futuro a su lado; sí, entonces sí, sigue aquí. Y luego. El silencio. El vacio. Las mentadas de madre, los gritos, las pendejeadas. Si eso es el futuro, alejáte, me dicen las antenitas. Y lo hago, de verdad lo hago: cinco minútos. Luego, luego es cómo si me faltara el agua. El agua que, ah malditas vueltas de la vida: es todo un ciclo. Doloroso, creo, como lo está siendo el de mi vida en este momento: sin ella: llorar, evaporar, cargar la mente nubesina, avanzar, sentirse seguro y entonces, el trueno, la tormenta de nuevo, volver a llover, volver a regar todo, evaporarse, limpiar y recargar las nubes mentales y luego, luego volver a llover. Todo siempre en giros.
Fito siempre dice la cosas de mejor manera: